Un pequeño esplendor

No había nada, y decir nada es nada. Decir “había”, también es absurdo, puesto que nada, es NADA.

Sé que hubo una sensación, un cambio.

Caí, y “allí” sentí la soledad, el frío, la unicidad como una tremenda tristeza.  Sólo era una partícula, una simple, minúscula mota caída en la desgracia, en la nada.

“Allí”, por reconocer mi infinita pequeñez, empezó todo. Como un latido en busca de otros latidos afines, un pequeño fotón desterrado que retoma el camino y añora el minúsculo,-o gran-,  foco de luz que lo origina.

Sé que es increíble. De hecho, porque me cuesta creerlo,  te lo estoy contando. Necesito compartir lo que sé de mi origen, que es el origen del TODO.

Puede que mi  pequeña partícula naciera en el brillo de una estrella fugaz, tal vez en el de las lágrimas de dolor de un ser perdido en un planeta ignoto, solitario, como fuí yo. Pero sea el que sea mi origen, de allí, de donde no existían los tiempos, surgieron todas las edades del mundo y el Universo y todo lo que pueden ver tus ojos o las percepciones que se puedan tener, intuir o ignorar.

Allí nací y por amor me expandí hasta dar lugar a ser lo que soy. Sólo Amor me define, Quizás por ello, no deberías nunca menospreciar tu  fulgor, que lo tienes;  ni el brillo de la partícula más pequeña del mundo que conoces.  Porque puede que ese pequeño, imperceptible resplandor,  sea mi origen. El origen de Dios (como me llaman los hombres).

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El sueño de los durmientes.

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Víctor Hugo “La cime du rêve” (“La cima del sueño”),

Como siempre, soñaba que iba caminando por la ciudad. Llegaba a “la puerta” y entraba para encontrarme con “ellos”. La estancia es pequeña, marrón, parece toda forrada de madera. Podría dar una sensación agobiante, sin embargo, cuando entro allí, sólo siento una  enorme alegría por volver…

Los monjes estaban ya sentados cuando entré (lo cuál no es muy normal). No puedo verles el rostro aunque uno de ellos se lo descubre y me mira sonriente. Es joven, de piel y ojos muy claros.

-“Necesitamos tu ayuda. Esta vez, eres tú la que puedes hacer algo  grande. Algo que sólo vosotros podéis hacer”.

Me siento completamente confundida. Pienso “esto es un sueño, no es cierto que ellos me quieran para algo…¿ayudarles yo?”.

El “monje” volvió a hablar…”Te necesitamos para limpiar algo que nosotros no podemos tocar. Para ello, tenemos que salir del mundo, vendrás conmigo y te enseñaré el lugar al que van las almas después de su existencia temporal en la tierra. Sólo uno de vosotros lo puede hacer, ya que sois vosotros los que lo producís. Es una especie de masa oscura que hay que sacar de una “piscina”. Puedes hacerlo fácilmente -si no temes-. Yo voy a estar contigo. Me cogió la mano y salimos de la habitación. Los demás monjes extendieron sus manos hacia mí, en una señal que entendí de bendición.

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Tuve miedo mientras salía al frío de la calle. De la mano de Gia (así me dijo que se llamaba), subimos hacia las nubes. No era como las películas de Superman, sentí el viento frío en la piel y una sensación de añoranza creciente. Añoranza  de mi mundo, del que cada vez más, me iba alejando.

Por fin, entre las nubes, apareció una especie de poblado. No habían casas ni construcciones fijas, todo eran “escenas familiares”, creaciones inestables soñadas por las personas que temporalmente vivían allí. Había algunas personas conocidas (nadie me podía ver), creando una especie de “vida en la tierra” a base de sueños e ilusiones. Hacían la comida, tocaban el piano, pintaban cuadros… un mundo imaginado que los haría felices por algún tiempo y del que, según me dijo Gia, deberían desprenderse pronto. Desde “fuera”, desde mi perspectiva, eran seres grotescos dominados por algún tipo de demencia, que se afanaban en “tocar pianos inexistentes”. Gia me dijo que para ellos, todo era tan real como podía ser mi vida para mi.

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Seguimos subiendo y llegamos a un edificio de piedra  de dimensiones enormes. Entramos por una abertura lateral, no tenía puertas ni ventanas. Dentro, la sensación fue abismal. No existía suelo, paredes ni techo… donde debería estar el suelo, había un sinfín de seres durmientes en incontables hileras de diferentes niveles.

Entre los miles que vi, a simple vista, se me permitió ver a mi padre. Estaba tumbado en una especie de cuna, como un niño en el interior de la madre. Dormía, soñaba  y sonreía. Se estaba preparando para alcanzar otro nivel, una nueva experiencia vital (siempre según Gia).

Todos los seres durmientes, desprendían algo parecido a burbujas luminosas que dependiendo de su densidad, subían más o menos y alcanzaban lo que yo entendí que eran estanterías de libros abiertos. Infinidad de estanterías, infinidad de libros que se alineaban en las supuestas paredes del lugar, hasta llegar a la cúpula, donde llegaban sólo unos pocos de pensamientos (legados) humanos, los más puros, los menos pesados…

De allí salí con el convencimiento de que nada de lo que se nos pueda ocurrir, nada de lo que pase por nuestra mente es totalmente nuestro. Lo que si es nuestro, es la obligación de purificarlo, quitarle peso a todo lo que sentimos, para que cuando lleguemos a la sala, por destino propio, se vayan llenando las estanterías superiores, eliminando las más oscuras, pesadas, de la base.

Sin saberlo, pensando así, estaba dando en el clavo. Gia me hizo salir al exterior del edificio. Había una enorme “piscina” llena de lo que me pareció agua un poco amarillenta.

-“Este es tu cometido…tienes que entrar y desatascar el embalse, para que el agua pueda volver a correr y limpiar toda esta negatividad acumulada.  Son muchos los recuerdos, las vivencias, los apegos que  producen esta suciedad “

Yo tenía mucho miedo, en ese momento, no recordaba si sabía nadar…era  muy grande y profundo, además no se veía limpio. Gia me tocó el brazo suavemente. Me hizo entender que él siempre estaba conmigo, que todo saldría bien. Me sentí con fuerza para cualquier cosa.

Entré en el embalse. No era realmente agua, parecía un líquido más fino y no me sentí mojada. Bajé hasta el fondo. Había un lodo pegajoso y oscuro que lo ensuciaba todo. Con las manos recogí lo que pude en cuatro  subidas a la superficie , hasta que vimos cómo salía agua limpia del agujero… la “piscina”, volvía a ser transparente, y la cara de Gia, era de felicidad.

Estaba muy contenta. A la vuelta, nuestro  mundo me pareció más brillante y bonito. Bajábamos por una calle soleada,  habían niños jugando en las puertas de las casas. Nos quedamos mirándolos.

De la montaña surgieron cuatro bestias, enormes perros negros (quizás del mismo color de la suciedad que acababa de arrancar en el embalse…) Supe que se había convertido en aquella maldad… Un momento terrible. Los perros,corrieron directos hacia los niños, creando terror y confusión.

Los atacaron con saña, tenía que ayudarlos, hacer algo…pero  mientras corría hacia la terrorífica escena, me desperté.

Odilon Redon

Odilon Redon

Extraño estudio científico: la conexión entre los sueños y la telepatía.

Lo hemos vivido en las pruebas de sueños que hicimos en DDI y las que actualmente hacemos. Las coincidencias son increíbles. Aquí el informe original…http://download.journals.elsevierhealth.com/pdfs/journals/1550-8307/PIIS1550830712002133.pdf

y los sueños de detectives…http://realidadtrascendental.wordpress.com/2014/02/26/suenos-coincidentesun-sistema-emergente-psiquico/

La esencia misma del Misterio

Carlyle Smith, un destacado científico cognitivo de la Universidad de Trent, ha estado dirigiendo una serie de intrigantes experimentos que arrojan nuevas preguntas sobre la naturaleza de los sueños. Su rigor científico parece innegable, cada prueba se ha llevado a cabo cuidadosamente, pero no existe aún una teoría que logre explicar sus resultados.
En uno de sus experimentos, se pidió a 66 estudiantes que soñaran acerca de los problemas de la vida de una persona a la que no conocían. Para esto, simplemente se mostró a los participantes una fotografía, sin especificar el nombre o algún detalle de la vida de esa persona. Paralelamente, se pidió a un grupo de control de 56 estudiantes que siguieran el mismo procedimiento, pero respecto a un rostro ficticio generado por computadora.
La foto pertenecía a una mujer de mediana edad con esclerosis múltiple que estaba encargada del cuidado de su madre, la cual…

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Cosas de niños…

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Barcelona, calle Cartagena, año 1960.(poco antes de que se construyera el edificio en el que viviría mi familia más de treinta años) foto: VILLÁ

Antes de que el barrio del Guinardó se convirtiera en un enjambre de cemento, pisos, semáforos y humo, a finales de los sesenta, principios de los setenta de  -ya sabes qué siglo-,  mi calle era una isla. En nuestra manzana, vivíamos algo así  como tres mil niños (uff, no éramos tantos, pero recuerda que estábamos en la época del babyboom).

En el espacio que quedaba hasta llegar a la Avinguda Montserrat, no había ningún edificio… sólo un patio perfecto donde pasar aquellas horas de luz de la tarde, entre la salida del colegio y la hora de la cena.

Toda la chiquillería del barrio se reunía allí.

Allí salvábamos cachorros, corríamos aventuras y nos pelábamos  las rodillas contra las piedras, que habían muchas, de nuestro particular parque de juegos.

Árboles, no había ninguno,que no todo era idílico…aunque sí muchas rocas, excelente refugio para jugar al escondite o desde las que los más osados se lanzaban subidos a cualquier tabla.

Mis mejores amigos eran Luis, mi vecino de escalera,  y Belli, una niña un poco más joven que nosotros, que vivía en el bloque de al lado.

Belli  era la más pequeña de  cinco hermanos, todos eran menudos, de  hermosos ojos  negros y  manos largas y elegantes.

Mi padre comentaba que el padre de Belli era muy trabajador, pero tenía mala suerte con sus capataces (era peón de albañil y a mucha gente, no les gustaban los gitanos).

Nuestra amiga estaba muy contenta, porque iba a tener un hermanito nuevo.  En casa, con un tono algo despectivo siempre comentaban  que aquella gente no tenía cabeza ¡tantos críos que alimentar y viene otro de camino y la pobre María (la madre de mi amiga), que está demasiado delgada y no se encuentra bien!.

Nosotros, veíamos con fascinación el engorde progresivo del vientre de la pobre mujer. Su paso cansado, cuando venía a buscar a Belli porque tenía la cena preparada.

Con alegría subimos todos a conocer al hermanito cuando volvieron del hospital. Belli ya no bajaba a jugar con nosotros.

Una noche, soñé con nuestro parque:

“Era de día y con sol,  la hermana de Belli, con la cara muy acongojada y cargando un  bulto de color azul,  se dirigía directamente a la roca más grande y alejada. Fui con ella en sueños y pude ver que el bulto, era un niño pequeñito, lleno de sangre, envuelto en una toquilla azul., era un niño muerto.

La chica,  apartó algunas piedras y colocó el bulto  cuidadosamente junto a la roca. Después, lo tapó  y llorando, se alejó de allí”.

La primera persona a la que conté mi sueño fue mi madre.

-“Le has barruntado la muerte al pobre niño, eres igual que tu abuela, será mejor que no se lo digas a nadie”.

A nadie más le expliqué mi sueño, los días pasaban y seguíamos sin contar con nuestra amiga,  pero una tarde, Belli bajó llorosa a la calle y me pidió que le guardara un secreto: su hermanito estaba muy malo,  lo habían llevado a San Pablo (el hospital cercano) y la cosa pintaba muy mal.

Pasamos la tarde en silencio, sin hacer nada, como saben los niños guardar el luto, cuando de verdad están tristes.

Pocos días después, el niño falleció. Nuestra amiga nos lo explicó llorando, entonces, la emoción del momento… le conté lo que había soñado y la llevé al lugar  en el que había visto “enterrar” al niño.

Junto a la roca, debajo de las piedras, encontramos una maleta azul, como de cartón. Belli la reconoció y sólo permitió que la abriéramos un poco… era la ropita de su hermano.

“-No toquéis nada!, y salió corriendo hacia su casa.

A los pocos minutos, como en mi sueño, llegó la hermana mayor, con la cara traspuesta, cargó la maleta y se la llevó de allí.

Al día siguiente, la madre de Belli me mandó a buscar. Yo no había vuelto a ver  a mi amiga, tenerla  en casa supuso una alegría, pero me dijo  muy seria que me preparara… que su madre estaba muy enfadada.

La señora María, estaba sentada cerca de la ventana. Con las delgadas piernas envueltas en una manta, delgada, triste…

Cuando entré, me acerqué a darle un beso y la mujer me sonrió levemente, me hizo sentar a su lado y me miró con sus enormes ojazos negros, envueltos en unas profundas ojeras…

-Tú sueñas cosas que pasan, éso crees ¿no?. A lo mejor te parece que es algo bueno ésto que te ocurre. Sería bueno si lo supieras  interpretar. Pero así, a lo bruto, tal como te está pasando, lo único que puedes hacer es daño. ¿A quién le has ayudado explicando tu miserable sueño?, ¿ha servido para algo a alguien?.

Yo, no sabía dónde meterme. Mis “miserables” ocho años, no daban para más. No contesté ni reaccioné.

-Recuerda una cosa : Los sueños vienen de Dios o del diablo. Antes de contarlos, piensa  de dónde han venido.

Salí de la casa muy conmocionada.

En la calle, sentí unas manos que me estiraban de las trenzas,

Belli me pegó como nunca  nadie me había pegado y nadie ha vuelto a hacer. Supe que era por su extrema tristeza y me defendí lo justo hasta salir corriendo para casa.

En poco tiempo, aquella familia se trasladó a vivir a Terrassa. Parece que las hermanas mayores habían encontrado trabajo y al padre, seguro que le saldría algo.

Nos lo explicó la señora María, la tarde en que vino a despedirse de mi madre. Belli la acompañaba.

Nos abrazamos.

Nunca tendré una amiga como tú, me dijo.viejas+007[1]

MANUELA

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Siempre he tenido sueños lúcidos. Desde pequeña he acudido a la cita con un grupo de “monjes” vestidos con  largas  túnicas.  Ellos “viven” en otro lugar fuera de este mundo.

Cuando algo me aflige gravemente, los visito.  La casa  está en  una calle  antigua, de losas oscurecidas. Es un edificio viejo y medio derruido. Llamo  en la vieja puerta y  me encuentro en una estancia marrón. Marrones las paredes, la gran mesa central, unas pocas sillas y los hábitos de mis amigos, que enseguida vienen a mi encuentro. Una vez “allí”,  les explico las cosas que me han  pasado, todo tipo de cosas, y ellos, dependiendo del tema, me dirigen el sueño.

La sensación al estar junto a ellos es de verdadero amor, calor…. me cuidan!, en fin, una estupenda sensación. Voy a explicar uno de estos “viajes dirigidos”.

Yo tenía una perra a la que adoraba. Era bastante viejita  (ocho años) y el veterinario  me dijo que tenía cataratas muy severas, que era metabólico y en pocos meses perdería totalmente la vista.

Llegué a casa muy preocupada.  Aquella misma noche, mis “amigos” me “dirigieron”.

Soñé que estaba en un mercado. Me dirigí a los lavabos y busqué a una señora, Manuela.   La mujer era una sesentona  madura, morena y delgada. Estaba limpiando el suelo y cuando me vió, me sonrió y dijo que me esperaba. Era andaluza, aunque ignoro dónde estábamos… el lugar olía a pescado y mis sensaciones iban de la incredulidad al asombro. Me llevó a un rincón un poco apartado, como si  temiera que alguien malinterpretara nuestra charla, cogió mis manos y me  explicó que  la  perra, Tura, igual que si fuera un hijo mío, me había elegido a mi, había elegido sus circunstancias, el plan de su vida en general y que yo, igual que hacían los  padres  cuando eran elegidos por sus hijos, podía ayudarla en ese plan.

Para curarla, sólo tenía que escupir en mis manos y  pasarlas sobre sus  ojos. Mi amor por ella haría el resto. Según ella, la saliva era un elemento poderoso, para bien o para mal, y que aplicado con amor,  cualquiera podía sanar a sus seres queridos, siempre en la medida en la que nuestros “planes vitales” no se vieran afectados. Mi perra estaba perdiendo la vista, pero continuaría muchos años más conmigo y ahí es donde yo la podía ayudar. También me explicó otro “truco” para  sanar inmediatamente el lugar en el que estuviera…, mi espacio más inmediato, agitar las manos, mover el aire con las manos y aplaudir… según ella, todo éso contribuía a traer más energía  al  ambiente y sanarlo.

“-No sabes la suerte que tienes, aunque en esta vida, tu no tendrás hijos, ella te ha elegido para vivir contigo hasta su final. Mucha gente se entristece y nunca supera  que sus hijos tengan  graves problemas , enfermedades, síndrome de Dawn… muchas cosas,  se sienten culpables, como si ellos  tuvieran algo que ver… No saben que somos los hijos los que elegimos todo, las dificultades y los compañeros de viaje”.

Antes de dejarla, le pregunté qué hacía trabajando en aquel lugar ( a esas alturas yo estaba convencida de que la mujer era un ser de prodigiosa sabiduría y de que aquel trabajo no le correspondía en absoluto), Manuela me sonrió con amorosa expresión y me dijo que dónde iba a estar mejor!. Su respuesta me provocó una indescifrable melancolía. Sentía sobre mí, como una pesada losa el peso de mis errores., de mi torpeza!

¿En qué lugar puede estar mejor aquél que se tiene a sí mismo?

La perra no se curó totalmente de las cataratas, pero duró todavía seis  años y tenía buena vista. El veterinario no se lo creía cuando le dije que no le ponía gotas ni nada. Siempre pensó que había ido a otro especialista!, ¡en  realidad, así fue!