Ciudadana del mundo

Ayer, 11 de Septiembre de 2015, volví a sentirme extraña en mi propia ciudad. Extraña entre mis amigos y conocidos. Diferente. Lo mismo me ocurrió con las Olimpiadas de Barcelona, pero entonces, recién cumplidos 30, yo todavía era la reina del mundo. Ahora paso de los cincuenta,  sentirme diferente ya es una realidad fundamentada.

Ayer salió una enorme  multitud a la calle. Se manifestaban para que todo el mundo sepa que en Catalunya hay muchos ciudadanos que quieren un estado independiente del español. Y lo hicieron con gracia, como siempre. Formaron unas figuras de diversos colores, algo vistoso a vista de pájaro, que es como se hacen las grandes fotos hoy en día. El ambiente, me recordaba a las jornadas geganteras de mis tiempos juveniles, cuando simulábamos tocar las grallas o los timbales o tambores incluso. (era mejor simular el toque de gralla,- que por cierto es muy complicado de aprender-, siempre hay un hueco para guardar ese instrumento y salir a tomar una cervecita). Recuerdo un viaje a Tolousse, con qué afán gritábamos lo de “Falera Gegantera”,,, había un momento en que el fervor eral tal, que no nos hubiera exptrañado que incluso la giganta gritara con nosotros.

Bueno, la cuestión es que ayer, salieron a hacer la Vía Lliure, bien coordinados y en buena compañìa.

Dentro de nada, tenemos que votar el nuevo gobierno de la -todavía-. autonomía catalana,…y  digo yo que para ese viaje, no se necesitaban esas alforjas. A mi, la figuración nunca me ha gustado. Soy una de esas personas humildes y de raído carácter a las que no les gusta que les marquen el paso y lo evito siempre que puedo.

Sólo he asistido a la primera celebración de la Diada catalana, el 11 de Septiembre de 1.976. Entonces, no pudo ser en Barcelona.  Salimos de casa, como siempre,” voy con el esplay de excursión…” ( los padres de aquella época  como los actuales, se lo tragaban todo). Nuestro destino:  un tren abarrotado de Barcelona a Sant Boi de Llobregat.

Lo pasamos en grande,  quinceañeros con mochila y  bocatas. Uno, llevaba una senyera grande y otro se trajo la bandera de Andalucía que su padre guardaba como oro en paño. No reivindicábamos la ruptura, precisamente ese sentimiento de unión entre todos era lo que nos emocionaba, reivindicábamos la Democracia. Recuerdo que a nuestro lado estaban Ramón Muntaner, un cantante de la época, y el gran Sisa.

Nunca he participado en un acto tan cargado de emoción como aquel.  Ver a  ancianos llorar ilusionados por la nueva apertura tras la muerte del dictador…

Entonces, a  partir de ahí, ¡que bien se hubieran podido hacer las cosas!!

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