SERMÓN SOBRE EL HOMBRE POBRE (fragmentos), MAESTRO ECKHART O LA CONCIENCIA ZEN

 

   «El vacío del vacío: todo discurso sobre la vacuidad de los discursos está también vacío. Los mundos son lenguaje.  No hay nada que exista por sí». (Sunyataa. Nagarjuna).                                     

 

«Así pues, Dios creó todas las cosas, no para que estuviesen fuera de Él mismo, o cerca y aparte de Él mismo, como otros artífices,   sino que las llamó de la nada, es decir, de la no-existencia a la existencia, que encontraron y recibieron y tuvieron en Él. Porque Él mismo es la existencia«.

«Dios es en todas las criaturas… y, sin embargo, está por encima de éstas«

SERMÓN SOBRE EL HOMBRE POBRE

MAESTRO ECKHART

Cuando yo me hallaba aún en mi causa primigenia, no tenía Dios y era la causa de mi mismo; no quería nada, no deseaba nada, pues era un ser libre y me conocía a mí mismo en el gozo de la Verdad. Me quería a mí mismo y no quería ninguna otra cosa; lo que quería, lo era y lo que era, lo quería y ahí estaba despegado de Dios y de todas las cosas. Pero cuando, por mi libre decisión, salí para recibir mi naturaleza creada, tuve un Dios, pues antes que hubieran las criaturas, Dios no era Dios, El era El que era.

Cuando las criaturas llegaron a ser recibiendo a su ser creado, Dios no era Dios en sí mismo, sino que era Dios en las criaturas.

El hombre debería vivir como si no viviera ni para sí mismo, ni para la verdad, ni para Dios. Pero ahora iremos más lejos diciendo que el hombre que tiene esta pobreza debe vivir de manera tal que ignore incluso que no vive ni para sí mismo, ni para la Verdad, ni para Dios. Debe estar de tal manera despojado de todo saber que no sepa, ni reconozca, ni sienta que Dios vive en él; más aún, debe estar despojado de todo conocimiento vivo en él. Pues cuando el hombre se encontraba en el Ser eterno de Dios, no vivía en él ninguna otra cosa; antes bien, lo que vivía era él mismo. Decimos pues, que el hombre debe estar tan despojado de su propio saber como estaba cuando no había nacido, dejando a Dios actuar según su propia Voluntad y permaneciendo libre.

 Todo  lo que existe viene de Dios y tiene como fin una actividad pura. Pero la actividad propia del hombre es amar y conocer. Entonces se plantea la cuestión de saber dónde se encuentra esencialmente la Bienaventuranza. Algunos maestros han dicho que reside en el amor, otros que en el conocimiento, otros dicen que reside en el conocimiento y el amor, y estos aciertan mas. Pero nosotros decimos que no reside ni en el conocimiento ni en el amor sino que más bien existe en un fondo del alma de donde fluyen el conocimiento y el amor. Este fondo no conoce ni ama como lo hacen las potencias del alma. Este fondo no tiene ni antes ni después y no está  a la espera de ninguna cosa adicional, pues no puede ni ganar ni perder. Por esto, este fondo se halla privado también de saber que Dios actúa en él. Este fondo goza él mismo de sí mismo, según el modo de Dios. 

Decimos, pues, que el hombre debe de ser tan pobre que no tenga ni posea en él ningún lugar donde Dios pueda actuar. Mientras reserve una localización, cualquiera que sea, mantiene una diferencia. Por esto, ruego a Dios que me libere de Dios, pues mi ser esencial está por encima de Dios, en cuanto consideramos a Dios como principio de las criaturas.

En esta divinidad, tal como yo la he descrito, donde Dios está  por encima de todo ser y de toda distinción, ahí yo era mí mismo, me quise a mí mismo y me conocí a mí mismo, para hacer este hombre que soy,  según mi esencia que es eterna, y no en cuanto a mi devenir que es temporal. Y por ello, soy un no-nacido y según mi virtud de no-nacido no puedo morir jamás. En virtud de mi nacimiento eterno, he sido eternamente, soy ahora y permaneceré  eternamente. Lo que soy a causa de mi nacimiento, habrá de morir y de aniquilarse, pues está  destinado a desaparecer y a corromperse con el tiempo. Pero en mi nacimiento eterno, todas las cosas nacieron y soy la causa de mí mismo y de todas las cosas. Si hubiera querido, no sería yo, ni serían todas las cosas, y si yo no fuera, tampoco sería Dios Que Dios sea Dios yo soy la causa; si yo no fuera, Dios no sería Dios. Mas no es de primera necesidad saber esto.

   Quien no comprenda este discurso que no se aflija en su corazón. Mientras un hombre no está‚ a la altura de esta Verdad, no puede comprender el alcance de lo que presento, pues se trata de una Verdad inmediata y que surge sin velo directamente del corazón de Dios.

Que Dios nos ayude a poder vivir de modo tal que la experimentemos eternamente. Amen.

 

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