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Los descubridores del fuego

El sol era el único «cocinero» en aquellos tiempos. 

Bootoolga a modo de entretenimiento, frotaba dos piezas de madera, cuando de repente saltó una chispa a la que continuó un pequeño rastro de humo. ¡¡¡Mira!!!, le dijo a su compañera Goonur, ¿Ves lo que pasa cuando froto estas dos piezas de madera?. . . ¡¡¡humo!!!. . . .

Podremos hacer fuego para nosotros y con él cocinar nuestras comidas, por lo que no tendremos que esperar hasta que se seque con el Sol. Goonur dijo, “El fuego mejorará sin duda nuestra vida. Parte el palo y rellena la grieta con hierbas y cortezas de árbol para que la chispa inicie un buen fuego”.

Bootoolga hizo como ella le sugirió y después de frotar mucho, un pequeño fuego apareció por la grieta y las cortezas empezaron a echar humo. Así fue como Bootoolga, la grulla, y Goonur, la rata canguro, consiguieron su primer fuego.

“Tenemos que guardar esto en secreto para que ninguna tribu se entere”, dijeron los dos. “Nos adentraremos en nuestro “needlebush” (matorral espinoso) para hacer nuestro fuego y cocinar nuestra propia comida en secreto. Después esconderemos nuestros palos del fuego, teniendo la precaución de tener uno de ellos siempre guardado en nuestra bolsa de piel de canguro”.

Bootoolga y Goonur cocinaron el pez que capturaron y comprobaron que estaba delicioso. Llevaron un poco de esta comida a su campamento y los otros miembros de la tribu notaron con facilidad que este pez era muy diferente al que se cocinaba secado al sol y preguntaron: “¿Qué le habéis hecho al pez para que sepa de esta forma?”. . . “Lo hemos secado al sol como siempre”, dijeron ellos. Esta respuesta no convenció a nadie, pero debido a la insistencia de Bootoolga y Goonur renunciaron a seguir interrogando.

Los días siguientes, ellos continuaron haciendo la misma operación, rehusando aún a decir cómo conseguían que sus peces fueran tan blancos y escamosos.

Fue entonces cuando Bulooral, el buho de la noche, y Ooya, el loro, fueron elegidos para que siguiesen a la pareja, y cuando Bootoolga y Goonur fueron al bosque nuevamente los espías les siguieron y vieron cómo éstos sacaban el palo de su bolsa de piel de canguro, el cual soplaron al ponerlo en un montón de hojas e hierbas. Al poco tiempo vieron aparecer una pequeña llama, la cual era alimentada con más palitos hasta que todo el montón ardía. Al final del proceso cuando la llama se apagaba vieron cómo la pareja echaba sus pescados sobre las brasas y los cocinaban.

Bulooral y Ooya corrieron hasta el campamento para contar a todos lo sucedido. Cuando las demás personas escucharon lo que pasaba, sintieron envidia y decidieron, entre todos, averiguar cual sería la mejor forma para arrebatarles el palo de fuego a Bootoolga y Goonur. Al final decidieron organizar un corroboree (danza especial parte de una ceremonia sagrada) tan espectacular que consiguió  que Bootoolga y Goonur olvidaran de proteger su palo de fuego, para que de esta forma Biaga, el halcón, pudiera robárselo con facilidad.

Cuando todo estaba planeado y bien organizado empezaron a invitar a todas las tribus de los alrededores. Y conforme iban compareciendo, la variedad y colorido de los invitados era un espectáculo fantástico.

Beela, de la tribu de la cacatúa negra, venía con manchas brillantes de un anaranjado-rojizo en su piel negra, mientras los pelícanos contrastando con ella eran de casi un blanco puro, nada más que un poquito de su piel negra era visible, dónde se había quitado la pintura blanca. Los black divers venían como eran, con sus pieles negras bien abrillantadas para que relucieran como el satén. Luego llegaron los Millias, las bonitas ratas canguros, de las colinas empedradas y después de ellos los Bukkandi, la tribu de los gatos nativos, pintados en múltiples colores y con muy variados diseños. También había Galahs, gris y rosa, y los Billai, loros verdes y carmesí; y los pequeños Gidgerigars, pero quizás los más impresionantes de todos eran los Brolgas, con sus cabezas pintadas en rojo y sus cuerpo grises, quienes eran solicitados para que hicieran una demonstración de su magnífica danza.

Cuando llegó la hora del corroboree, Bootoolga advirtió a Goonur que no podían participar por que tenían que proteger su bolsa de piel de canguro. Entonces Goonur se sentó al lado de su esposo y se colgó la bolsa en su hombro, pero estaba tan atenta al espectáculo que la bolsa se deslizó de su hombro. Justo cuando Biaga, el halcón, fue a apoderarse de la bolsa Bootoolga lo vió y rápidamente la puso en su hombro otra vez.

Biaga se escondió nuevamente mientras que todos los ojos estaban atentos a los Brolgas que comenzaban a danzar. . .

Dando un paso hacia adelante, haciendo una reverencia y volviendo hacia atrás, uno, dos, tres, uno, dos, tres. . . una vez y otra vez.

Su actuación era tan cómica, con expresiones tan dignas que el público temblaba con tanta risa. Durante el espectáculo, Bootoolga y Goonur, se olvidaron de la bolsa de piel de canguro, que nuevamente volvió a deslizarse del hombro de Goonur, quedando muy al alcance de Biaga. Rápidamente la cogió, sacando de ella el palo de fuego, acumuló un montón de hojas cerca de él y prendió fuego antes de que nadie sospechara lo que estaba sucediendo.

Cuando la pareja descubrió que su palo de fuego había desaparecido ya era demasiado tarde. Bootoolga persiguió a Biaga, pero éste se alejaba rápidamente en grandes círculos, prendiendo la hierba mientras corría, hasta que todos los de la fiesta fueron rodeados por un pequeño círculo de fuego.

Y así fue como el secreto del fuego que poseía Bootoolga, la grulla, y Goonur, la rata canguro, fue compartido por todas las personas.»

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